Desde muy pequeños hemos sabido que el petróleo contamina, en cualquiera de sus aplicaciones, tanto como combustible por los gases que libera, como en envases por los residuos que genera. Creo que toda la vida he oído hablar de alternativas al petróleo como combustible. He oído hablar de coches que funcionaban con aceite de freidora usado, con mierda de vaca o incluso con agua, y por supuesto de los coches eléctricos.
Siempre nos hemos preguntado por qué no se prescindía de la gasolina habiendo alternativas más “ecológicas”, y lo pongo entrecomillado porque nuestro sentido de la ecología es relativo, puesto que lo ecológico podría ser desplazarse en bicicleta en lugar de usar un coche eléctrico, pero puedes parecer un yonki o un pobre si vas por ahí en bici, o no? y eso a los ecologistas modernos no nos va.
Entre todas las alternativas posibles, parece que la que más aceptación está teniendo es la energía eléctrica, que como no genera humo en los coches, parece que es menos contaminante, y por llevar un coche eléctrico nos creeremos más respetuosos con el medio ambiente. Nos lo creeremos porque así nos lo venderán los fabricantes de automóviles en la tele y en los concesionarios cuando vayamos a comprar un coche, que como no usa gasolina, no libera CO2 y por lo tanto, no contamina.
¿Seguro?

Las baterías de los coches que nos venderán en el futuro, muy probablemente funcionarán con baterías de Litio, las mismas que usa nuestra cámara de fotos digital, nuestro iPhone o nuestro teléfono móvil, pero evidentemente más grandes. De hecho, el Litio ya es hoy en día 10 veces más valioso que antes, y para los inversores es tan atractivo como el petróleo o el oro, por algo será.
Sin tener en cuenta factores como la explotación laboral o el impacto ambiental que supone extraer de la tierra el Litio, hay que ser muy hipócrita para considerarlo ecológico y dar por sentado que usando baterías de Litio estamos prescindiendo del petróleo, el cual se seguirá usando para transportar el mineral a las fábricas (que también contaminarán lo suyo), la fabricación de las propias baterías, su transporte o el tratamiento de las baterías cuya vida útil haya finalizado. Ah, y también hay que tener en cuenta la propia energía eléctrica con la que alimentaremos las baterías, la nueva gasolina para nuestro coche ecológico.
Y así, sin darnos cuenta, nos la vuelven a meter doblada con una solución ecológica a un problema de contaminación, y nosotros con las conciencias bien tranquilas hasta la próxima, sin pararnos a pensar en por qué de repente aparece tanto en las noticias información sobre Afganistan, Chile o Bolivia por tener las mayores reservas de Litio del planeta.
En fin, voy a dejar de pensar en estas cosas y a coger mi coche para ir a trabajar. Al final es lo más cómodo, mirar para otro lado y seguir a lo nuestro, pero creo que de vez en cuando hay que pararse a mirar lo que vamos dejando tras nuestro paso por esta bola enferma de humanos codiciosos que vaga por el Universo.
Opina o calla: